Por Agustín Arias

           

 

Agustín Arias

                                                                      

Jorge Lecuona, por “AMOR AL JUEGO”

Entre mi amplio y selecto grupo de amigos figura Jorge Lecuona, un apasionado del deporte. Le conocí siendo un pequeñajo, cuando desarrollaba sus dos pasiones: el basket y el tenis, en el Real Club Náutico de Tenerife. Se puede aplicar en Jorge ese refrán español “de casta le viene al galgo”, pues pertenece a una familia chicharrera en la que siempre se ha respirado EL AMOR AL JUEGO.

Le vi  escalar categorías en el deporte de la canasta y también disfruté viéndole dando raquetazos a una pelota. Basket & tenis: Una actividad de grupo y otra individual. La lucha en equipo ante la pugna de uno contra uno sin contacto personal.

En muchas de las crónicas que escribí en Jornada Deportiva figuraba su nombre. En algún partido de baloncesto destacó por sus puntos, sus rebotes… pero en todos brillaba por la solidaridad del deportista a la hora de entender la regla: Aquí juegan cinco, pero gana y pierde el  EQUIPO, incluyendo al entrenador, al delegado, al masajista, a la directiva…

Un día, siendo un servidor presidente de la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife, mi relación con Jorge Lecuona creció notablemente. Del hola y adiós entre el periodista mayor y el deportista joven pasamos a una sincera amistad, al punto de disfrutar y saborear de la excelente tarta de manzana de su encantadora madre.

Un día de un año cualquiera (soy malo para las fechas), en plena “construcción mental” de una edición de la Gala del Deporte, mi particular “bombilla” se me encendió. ¡Hay que concederle el Premio Leyenda Deportiva a don Salvador Lecuona!Muy merecido, sí señor, respaldo la iniciativa”, me dijo el veterano periodista Álvaro Castañeda. Pues a trabajar. Contacto con la familia Lecuona y reportaje en vídeo para que toda la Isla, en especial las nuevas generaciones, conocieran quién fue Salvador Lecuona, uno de los grandes, además de por sus muchos centímetros, del tenis en Canarias.

Fui a su casa y allí estaba Jorge, junto a su madre, escolta perfecta de don Salvador, quien en un cómodo sofá me recibió y atendió a mis preguntas. Grabamos sus cientos de trofeos, sus fotos, su vida…

Llegó el día de la puesta en escena y allí estaba -con elegante traje y corbata- recibiendo el aplaudo del deporte tinerfeño y el bonito trofeo que le distinguía como lo que era, una leyenda viva del tenis de esta tierra. Quise que esa distinción la recibiera de manos de Mari Carmen Izquierdo, presidenta de la Asociación Española de Periodistas Deportivos.

¡Misión cumplida! Otro deportista de oro, otra vieja gloria, recibía en vida y junto a los suyos, el reconocimiento del Deporte de Tenerife.

Poco después don Salvador Lecuona fallecía. Se nos fue un mito, una estrella de aquellos difíciles años. Su sepelio congregó a toda la familia del deporte. Todos quisimos arropar a su viuda, a sus hijos…

Se fue su alma al Cielo, pero su espíritu deportivo quedó entre nosotros. El mismo que ayudó a su hijo Jorge Lecuona a organizar un torneo de tenis para rendir homenaje a su padre. El primero de ellos llevó al Cabildo Insular a aprobar en pleno que el Complejo Deportivo de Ofra llevara el nombre de Salvador Lecuona. El segundo la extraordinaria respuesta de la gente, que arropó, y arropa, el Torneo Salvador Lecuona, que anualmente se disputa en las pistas de dicho complejo, bajo la perfecta organización de Jorge y la estimable ayuda de su equipo de trabajo, en el que sobresale el señor Izquierdo.

Una competición dinámica, viva, divertida, singular… Una cita que todos esperan como agua de mayo pues permite, a lo largo de dos meses del año, cambiar el chip para convertirte en un deportista de élite. Sí, como lo leen, porque cuando te enfrentas a… Juanma Bethencourt, por poner un ejemplo, con cien espectadores viéndote, y encima le ganas, pues te inflas, te sientes Rafa Nadal… Hasta que se te baja el azúcar y caes al suelo más blanco que la camiseta de Cristiano Ronaldo. Eso o cuando en plena euforia tu propio compañero realiza un saque rasante que hace que la dichosa pelotita impacte en salva sea la parte, con lo difícil que es eso…

Sí, Jorge Lecuona, mi amigo y el de muchos tinerfeños, nos ha hecho ser receptores de un lema encantador: “Amor al Juego”. Jugar por pasarlo bien. Da lo mismo que pierdas (bueno, corramos un estúpido velo) o que ganes. Porque lo importante es hacer lo que hizo y predicó el gran Salvador Lecuona: AMOR Y PASIÓN POR EL DEPORTE LIMPIO.

Sirva este artículo como reconocimiento a Jorge Lecuona, una persona buena que sigue al pie de la letra las reglas básicas que desde chiquitito le marcaron sus padres. Ser amigo de este nauta de toda la vida y tinerfeño empedernido es todo un honor.